11 de julio de 2015

El velo como bandera: tradición y modernidad de la mujer musulmana

Generalmente, los artículos sobre inmigrantes musulmanes en Europa suelen centrarse en dos temas: el terrorismo y el velo. Que esta prenda de vestir sea un objeto de preocupación tan importante como la grave amenaza terrorista demuestra que su valor simbólico se ha disparado en los últimos años. El velo en menores (conflictos con las escuelas) trasluce el temor a que las pequeñas estén siendo manipuladas, obligadas a aceptar una sumisión al varón que en Europa se combate desde hace al menos un siglo. Lo mismo sucede con mujeres adultas en el caso del velo integral, signo extremo de la negación física. Para la sociedad occidental, permitir que suceda parece consentir que una forma de pensar contraria a las libertades se vaya imponiendo, disfrazada de tradición. No vengo yo a solucionar el tema del velo, pero sí a hacer varias reflexiones después de algunas lecturas que he hecho. Hablar del velo significa hablar de muchas otras cosas: religión, tradición, política, racismo. Cada tema da para una enciclopedia, pero aún así se pueden decir algunas cosas brevemente. Es más, se deben decir, porque en estos temas nadamos en un océano de ignorancia.


The veil series es un trabajo de la fotógrafa británica-iraní Sara Shamsavari, en el que retrata a mujeres de Londres, París y Nueva York como muestra del uso moderno y estético del hiyab.

Reinventar la tradición

Como explica la antropóloga Verena Stolke, las ideas sobre los extranjeros que se han generalizado actualmente en Europa responden a una nueva clase de exclusión que ya no es el antiguo racismo que dividía a los seres humanos entre superiores e inferiores. El nuevo “fundamentalismo cultural” hace las diferencias en función del territorio, asignando a cada uno una cultura (e ignorando la propia variedad de cada estado). Estas culturas son totalmente extrañas las unas a las otras, y por eso cada una practica un etnocentrismo “natural”: “El fundamentalismo cultural contemporáneo se basa en dos suposiciones: que las distintas culturas son de una variedad infinta, y que, dado que los seres humanos son intrínsecamente etnocéntricos, las relaciones entre las culturas son por naturaleza hostiles.” Los individuos que viven fuera de su territorio/cultura, al ser ellos también etnocéntricos, se vuelven una amenaza para el territorio en que están. Por eso, la emigración de gentes de un territorio a otro es vista como un hecho problemático y preocupante (no un hecho natural e inmemorial).

No es un concepto muy diferente de lo que Olivier Roy llama “neoetnicidad” en relación a la manera en que los países de occidente han catalogado a los inmigrantes musulmanes. Primero, todos comparten algo llamado “cultura musulmana”, como si la religión definiera todos sus aspectos culturales, sin distinción entre países de origen; segundo, les define el hecho de haber nacido en esos países, sean o no creyentes, practicantes o técnicamente de otras religiones (ateos, cristianos libaneses, etc.); tercero, el musulmán es el otro, opuesto al autóctono (no al cristiano).

Este proceso de catalogación y etiquetación del extranjero realizado por Europa ha funcionado en las dos direcciones, porque los inmigrantes también lo han asumido. Se da por hecho que al venir de su país traen consigo “su cultura”, pero para la mayoría, supone pasar de una sociedad donde la identidad religiosa era algo supuesto y formaba parte de la estructura social, a otra sociedad donde su religión es minoritaria, sus tradiciones no forman parte de la mayoría, y donde su fe tiene que reivindicarse y hacerse notar para existir. De pronto, el creyente necesita definirse, no ya como integrante de una sociedad, que ya no existe, sino individualmente, y aparte de cualquier tradición: “La pérdida de visibilidad hace que el islam deba afirmase cada vez más como una opción individual, [...]. En la actualidad la problemática del velo llevado voluntariamente: es una reapropiación y afirmación de uno mismo, y no ya un signo de conformismo social”.

Los hijos de inmigrantes que quieren recuperar su identidad musulmana no lo hacen recuperando la cultura de los padres, sino una supuesta “cultura musulmana”, un islam “neutro”, descontextualizado, individualista y de nueva creación. Este proceso no es diferente del que se vive en los propios países de origen ante el reto de la modernidad, las crisis políticas y el resto de problemas que los sacuden. Este islam neutro y reinventado es el que se está extendiendo, y uno de sus símbolos es el velo : “El velo se ha convertido en un símbolo, aún sin serlo en propiedad […]. Ha pasado de tratarse de una prenda con más sentido étnico y tradicional que religioso y su uso estar casi erradicado en Egipto y en el Cercano Oriente de los años sesenta, a retomar el protagonismo perdido a causa de la presión ejercida, especialmente en las últimas décadas, por los movimientos fundamentalistas.” (A. Motilla)

La tradición del velo

Convertir el velo en un símbolo del islam no es tarea fácil, porque no se sustenta en ninguna obligación, no hay disposiciones claras e identificables. Se suele citar la aleya 33.59 del Corán, donde se prescribe que las mujeres “se cubran” con el yalabib, que significa “vestido” o “túnica” a pesar de que a menudo se traduzca por “velo”. Las primeras exégesis ya discutían cómo interpretar las disposiciones del profeta, y a qué normativas debían dar lugar. De estas disposiciones posteriores surgió lo que se llama “código hiyab” de vestir: a partir de la pubertad, la mujer debe cubrir todas las partes de su cuerpo que pudieran provocar miradas lascivas, que son prácticamente todas excepto la cara, las manos y los pies. La ropa que la cubre, además, no debe ceñir el cuerpo ni ser transparente. Éstas ideas corresponden a una cierta escuela de tradición, pero no son obligatorias. Ni el imam más estricto puede decir que seguirlas es una obligación, tan sólo una opción. Por eso, una mujer musulmana y devota puede optar por no seguirlas, entendiendo que no forman parte del núcleo de la religión islámica.

Se suele decir que el Corán otorgó a las mujeres unos derechos que antes no tenían, aunque al leerlo en la actualidad resulte retrógrado; pero hablamos del siglo VIII, y es cierto, la situación de las mujeres en Arabia antes del islam era terrible. Sólo tenían alguna seguridad las mujeres ricas o de familias poderosas; para cualquier otra, existía la posibilidad de ser capturada en cualquier momento y convertida en esclava de su captor, si no tenía de su lado un marido o una familia lo bastante fuertes para recuperarla; y la vida de esclava era miserable, hasta el punto de ser convertida en factoría de hijos esclavos. Mahoma era especialmente sensible a la suerte de los marginados, los miserables y los esclavos. Toda su vida fue una negociación muy meditada para que sus ideas innovadoras fueran aceptadas, como su revolucionaria idea de que las mujeres heredaran en lugar de ser parte de la herencia, o que la esclavitud de un hermano musulmán no era aceptable; en ocasiones no lo consiguió, o con muchos trabajos: siguió habiendo esclavos, y las mujeres siguieron sometidas, mucho más a medida que las conquistas trajeron riqueza y poder. Si Mahoma era el modelo a seguir por los musulmanes, éstos olvidaron pronto su forma igualitaria de tratar a las mujeres, y su piedad para con los esclavos.

Pero hay que volver a esa indicación de cubrirse, y entender a qué se refiere. En este caso, el fracaso se hizo evidente. Mahoma no consiguió convencer a los hombres de que debían respetar a las mujeres sólo porque eran personas y musulmanas. La mujer cubierta era una señora, mientras que la descubierta delataba su condición de esclava, por tanto podía ser asaltada. Porque un cuerpo a la vista es una tentación irresistible para un hombre, que pierde toda capacidad de raciocinio y no puede contenerse. La base de la idea del cubrimiento, sea éste como sea, es que el cuerpo de la mujer es provocador y causante de la reacción del hombre, culpable de lo que le pase. Esto es contrario al ideal de igualdad del islam, que abomina de que un creyente violente a otro. Sucede lo mismo con las disposiciones sobre el derecho del marido a pegar a su mujer; se conservan innumerables hadices en que Mahoma abomina de ello, pero en este caso su negociación fracasó. Pudo establecer unos derechos matrimoniales y para los hijos, pero lo que pasara en cada casa era un asunto doméstico.

Hay grandes mujeres relacionadas con el Profeta, muy apreciadas en las primeras épocas del islam, pero la historia las ha oscurecido o las ha obviado, porque sus personas resultan incompatibles con la idea de mujer sumisa. Khadija fue su primera esposa, quince años mayor que él, viuda y mujer de negocios. Fue su primera seguidora, y Mahoma no hubiera podido seguir adelante sin su apoyo. Aunque la poligamia era corriente en su sociedad, nunca se casó con otra mientras vivió. Su muerte tras veinte años de matrimonio fue un duro golpe para él. Después Mahoma reunió varias esposas, muchas de ellas por causa de alianzas políticas, y la mayoría eran viudas o divorciadas. Se casó con hijas de sus amigos y aliados, como es el caso de Aisha, que fue su amor principal hasta su muerte. Era una niña cuando se casaron, y sólo tenía 18 años al enviudar del Profeta, pero se convirtió en un pilar de la comunidad musulmana, una autoridad de referencia, capaz incluso de ir a la guerra contra facciones contrarias. Un gran papel tuvo tambien Um Salma, que era en cambio una mujer madura y de gran personalidad, líder de las reivindicaciones de las mujeres musulmanas. Otra gran mujer fue la bisnieta de Mahoma, Sakina. “Era alabada por su belleza, lo que los árabes denominan belleza, una mezcla explosiva de gracia física, inteligencia crítica y elocuencia corrosiva. Los hombres más poderosos se la disputaban, califas y príncipes le proponían matrimonios que ella desdeñaba por razones políticas. No obstante, acabará casándose con cinco maridos, algunos dicen que seis. Se disputó con unos, hizo declaraciones de amor inflamadas y apasionadas a otros, llevó a uno ante los tribunales por infidelidad y nunca consintió a ninguno la ta'a (principio de obediencia, clave del matrimonio musulmán). En sus contratos de matrimonio, estipulaba que no obedecería al marido, que sólo haría su antojo y que no le reconocía el derecho de poligamia, todo ello debido a su interés por los asuntos políticos y la poesía. Seguía recibiendo en su casa a poetas y asistiendo, a pesar de sus múltiples matrimonios, a los consejos de los Coraix” (F. Mernissi). Como ella, hubo otras mujeres barza, “la que no se tapa la cara ni agacha la cabeza”, es decir, desveladas. Un hombre o una mujer barz son “conocidos por su raciocinio”, “de criterio apreciado”, con una vida social que incluye organizar en su casa reuniones cultas o políticas. Y todo ello estaba simbolizado en el rechazo al velo. Eso fue en los primeros tiempos del islam, y ha pasado mucha historia sobre todo ello.

Imagen promocional de la web de moda islámica Al-humaira Contemporary. Al-humayyira era el apodo cariñoso con que Mahoma llamaba a su querida Aisha, y que Fátima Merissi traduce por “la pelirrojilla”. http://www.alhumairacontemporary.com/
El velo en occidente y en España
El uso del velo es anterior al islam, y responde a una concepción del cuerpo de la mujer que se extiende por todo el Mediterráneo y Oriente Medio. Las antiguas hebreas se cubrían la cabeza, así como las matronas romanas. El cabello de la mujer históricamente ha sido considerado seductor, y por tanto incitador del pecado. María Magdalena, ejemplo de mujer pecadora aunque redimida, es la única santa que tradicionalmente se representa sin velo. Esta enfatización del pelo pecador de la Magdalena es tan intensa, que algunos retablos medievales la muestran completamente cubierta por su cabellera hasta los pies. Por el mismo motivo, hasta el Concilio Vaticano II a mediados del siglo XX, las mujeres no pudieron entrar en una iglesia con la cabeza descubierta, siguiendo la confusa disposición de San Pablo en su primera carta a los Corintios (11, 10): “Precisamente por esto [porque la mujer debe obediencia al hombre], y por causa de los ángeles, [nunca he entendido esta expresión] la mujer debe llevar sobre la cabeza una señal de autoridad [de la autoridad del hombre sobre ella, el velo]”. Por tanto, las creencias y prácticas musulmanas respecto al velo no corresponden a “otra cultura”, sino a un trasfondo compartido por todos nosotros.

Marcas de moda islámica de alta costura. 
 
No se trata de un enfrentamiento entre el “mundo cristiano” y el “mundo musulmán”, sino entre una concepción laica de la sociedad y otra donde la religión está muy presente. El rechazo al islam se engloba dentro de los prejuicios occidentales hacia la religión en general, que ahora es vista sólo como fuente de superstición e irracionalidad. Los países musulmanes no pudieron realizar su propia secularización, por diferentes motivos, en el siglo XX; ahora, se produce una reislamización que, como se ha explicado antes, no es una vuelta “a lo antiguo”, sino su negación, más bien una reinvención identitaria.

Que el velo provoque malestar en el secularizado occidente ha sido un incentivo para convertirlo en un símbolo (es decir, que las dos posturas se alimentan la una a la otra). Es significativo que las leyes que intentan prohibirlo estén respaldadas por políticos de derechas, mientras que los de izquierdas votan en contra. Los políticos liberales se debaten entre luchar por la liberación de la mujer, o en defensa de las libertades personales. Los políticos conservadores, especialmente en España, se alinean con la xenofobia tradicional, la que se remite a la Reconquista. El “moro” forma parte del acerbo cultural, como una figura siempre al acecho que ansía recuperar el territorio conquistado. La España tradicional no está acostumbrada al extraño ni al diferente, ya que la sociedad ha sido totalmente uniforme durante siglos. Juan Goytisolo escribió en España y sus ejidos: “Si no somos racistas se debe ante todo al hecho de que España fue el primer país moderno que “resolvió” de modo tajante el problema de las razas, acosando, persiguiendo, robando y expulsando por fin masivamente a moros y judíos.”

Es la uniformidad, y no tanto la laicidad, la que preocupa a la sociedad española, y suele ser la causa de los conflictos en las escuelas, porque los velos de las chicas se saltan normativas sobre la vestimenta de los alumnos. La mayoría de los españoles no están acostumbrados a ver gente diferente, y creen que la integración significa asimilación, que los diferentes cambien sus tradiciones, su manera de vestir, su religión, su idioma, y a poder ser su piel, o mejor que se disuelvan, o mejor que no vengan, para que todos seamos lo mismo y se mantenga inalterada “nuestra cultura”.

Qué significa el velo
El velo se convierte en bandera del islam, sin embargo es una bandera que sólo pueden enarbolar las mujeres; desgraciadamente, los hombres musulmanes no tienen símbolo alguno con el que identificarse, aunque tampoco parece que lo reivindiquen. No hay que confundir este nuevo movimiento con una simple tradición, porque tiene muchos otros aspectos. Muchas mujeres de mediana edad que proceden de pueblos o entornos tradicionales llevan el velo cuando vienen a Europa, simplemente porque es lo que han hecho siempre. Es su forma tradicional de vestir y se sentirían incómodas si no lo llevaran. Ese velo no es de origen religioso, sino étnico (aunque es posible que ellas no sean conscientes de la diferencia).

En cambio, no es tradicional que mujeres de culturas que nunca han utilizado el hiyab lo lleven ahora, como las mujeres indias o paquistaníes, las indonesias o las del centro de África; generaciones de antepasadas suyas fueron perfectas musulmanas sin utilizarlo. Tampoco se habían visto nunca en la historia del islam a niñas de 8 o 10 años con velo: es imposible considerarlo tradición. Éste es un velo de moderna aparición, que se elige y en el que se deposita la identidad. Se ha reinterpretado y se le han dado nuevos valores, ya no relacionados con la tradición. Hay muchas páginas de internet en que chicas modernas y occidentales reivindican el velo, y de paso, el código hiyab de vestir, con argumentos como que es una reacción contra la opresión que la moda y la imagen imponen a las mujeres. Algo así como: nadie me juzga por mi aspecto... porque no pueden verlo. Y de paso, como no voy provocando, los hombres no me acosan y puedo ir tranquila por la calle (argumento que pueden contradecir las mujeres de los países árabes, véase Egipto sin ir más lejos). No deja de llamarme la atención la dispar situación de las mujeres iraníes, que se cubren por ley desde hace décadas: las jóvenes que han vivido esta obligación abominan del velo, y discurren mil maneras de saltarse las disposiciones y liberar sus cabellos y su cuerpo. No rechazan la religión, sin embargo, pero han sufrido en sus carnes que el paraíso islámico no existe sin libertad.

En la mayoría de los testimonios que he leído, las chicas afirman que no se sienten oprimidas, que para ellas el velo no significa opresión, sino algo muy diferente. El hiyab está de moda, como se puede comprobar en las fotos que acompañan este artículo, sacadas de páginas de moda islámica. Ninguna de estas mujeres parece nada oprimida, y dudo que se sientan así. Están muy lejos del chador, del niqab, y por supuesto del burka. Estas imágenes fashion son un magnífico ejemplo de islam reinventado que ignora su propia historia, en este caso la historia del velo y de lo que significa, de las mujeres barza, de Sakina y tantas otras.

Es evidente que el velo es una imposición masculina, no porque las mujeres o las niñas que lo llevan hayan sido coaccionadas para ello, sino porque forma parte de la cultura patriarcal, y su vuelta ha sido propiciada por el auge del fundamentalismo. También es evidente que éste se alimenta del anti-imperialismo heredado de la descolonización, y que incluye un sentimiento anti-occidental. Esto hace que las jóvenes rechacen los valores occidentales, y adopten las formas más restrictivas de religiosidad. No se trata sólo de una manera de vestir, sino de una actitud de represión que abarca muchos aspectos de la vida. Muchas veces me he encontrado con el comentario: “sólo es un trozo de tela”, como si fuera una banda, una gorra, un pin que uno lleva para identificarse con su equipo de fútbol o su partido político. Pero el velo se lleva en todo el cuerpo, en toda la vida, en cómo se vive, en todo lo que se hace. Por ejemplo, aquí, en mi ciudad, nunca he visto a una mujer con velo tomando el sol en la playa, o bailando en las fiestas del barrio (y eso que hay conciertos para todos los gustos), o haciendo running (y me cruzo con decenas de runners cada día). Son cosas que hace gente muy variada, con diferentes gustos u opiniones. Son acciones, éstas u otras parecidas, sin connotaciones, universales e intemporales. Se hacen con el cuerpo. Ellas no las hacen.

Se puede llevar el velo como símbolo de lo que apetezca, pero si estas mujeres están dejando de hacer algo con su vida sólo porque no es lo correcto, no es apropiado, no lo debe hacer una mujer decente/buena musulmana... Eso es volver a María Magdalena, a la mujer pecadora/la mujer decente, a la mujer pública/la mujer privada. La mujer que sólo se define por lo que el hombre ve/no ve de ella. Cuyo centro de interés y única referencia es su cuerpo. Unos conceptos bien conocidos en las culturas mediterráneas, antiguos, arraigados, y que no tienen NADA que ver con la religión. A mí que no me intenten vender ese cuento.

Sin embargo, yo no estoy a favor de ninguna prohibición, ni de ninguna ley en contra. No creo que sea un asunto de leyes. El velo es un signo de los tiempos y lo que hay que hacer es entender los tiempos e ir a la verdadera raíz de los problemas. La actitud de “a favor o en contra” no sirve de nada, y espero, como en todo, encontrar un punto intermedio. Me gustaría ver a las mujeres con velo haciendo todas las cosas que he dicho antes, que se pongan o se quiten el velo cuando crean que deben hacerlo, que tengan una idea positiva de sus cuerpos y no los vean como fuente de pecado. El verdadero problema es el de la identidad: por parte de los inmigrantes, que han de reinterpretarla, y no pueden limitarse a la asimilación; por parte de las sociedades de acogida, que han de entender que la uniformidad es irreal y que su identidad nacional no puede basarse en ideales trasnochados. No es un tema fácil ya que interfiere con el de la violencia terrorista. Las crisis económicas, además, provocan el extremismo y la utilización electoralista de la xenofobia. Por ello se impone más que nunca revelar la auténtica naturaleza de los conflictos, y hacer ver que las culturas son fluctuantes, mutantes, adaptables y siempre deben ser enriquecedoras.


Lecturas recomendadas:

GOYTISOLO, Juan (2003). España y sus ejidos. Majadahonda: Hijos de Muley-Rubio.

MERNISSI, Fátima (1999). El harén político: el profeta y las mujeres. Guadarrama: Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, DL.

MOTILLA, Agustín (coord.) (2009). El pañuelo islámico en Europa. Madrid: Marcial Pons.

ROY, Olivier (2003). El Islam mundializado: los musulmanes en la era de la globalización. Barcelona: Bellaterra.

STOLCKE, Verena. “La nueva retórica de la exclusión en Europa”, versión revisada de su artículo de 1995 “Hablando de la cultura: nuevas fronteras, nueva retórica de la exclusión en Europa” a Current Anthropology, 36 (1). Pp. 1-24. Chicago University Press.

Entrada originalmente publicada en La mano blanca de la luna

5 de junio de 2014

Mujeres bereber y sus cuentos curativos.


"En los umbrales de los tiempos, sólo existía el día y era cuando las hijas de Lilith eran iguales a los hijos de Adán.
No existía la noche ni su oscuridad. El tiempo nunca se apagaba y el placer de vivir jamás dormía.
Un día, los hijos de Adán quisieron ir lejos, a buscar lo desconocido. Caminaron durante días. Agotados, cerraron sus ojos y conocieron la noche, con sus pesadillas. Desde entonces, los hijos de Adán no tienen luz necesaria en sus ojos para ver nítidamente a las hijas de Lilith.
Si el cansancio no fuera mayor que la ilusión por la vida, tal vez las noches dejarían de llorar estrellas para iluminar la ceguera y, tal vez, los hijos de Adán sabrían descubrir nuevamente el placer de la vida, acompañados con las hijas de Lilith." Hammu Mohamed, antropólogo bereber cuentacuentos.

"Durante siglos, las mujeres bereberes suelen encontrarse todas las noches de luna mora para contarse historias transmitidas de generaciones a generaciones y, siempre, secretamente hacia los hombres. Nunca inician sus narraciones sin haber creado el ambiente adecuado para iniciar la suavidad de las emociones que se disponen a exteriorizar. El honor principal de iniciar estas veladas suelen dárselo a la anciana mayor e iniciado el acto, entran en un trance deseado, en un mundo mágico donde todo es posible."  nos cuenta Hammú Mahomed.

El nombre de la cultura es conocida en Occidente como Bereber, pero a ellos no les gusta ese término, ya que fue un nombre acuñado por Roma, cuando todos aquellos pueblos que no eran romanos eran designados como salvajes, bárbaros, y eso es lo que significa bereber. Pero es el pueblo de Imazighen, y la lengua es la Zamazight, una lengua tan antigua que ni siquiera se puede datar.

El cuenta cuentos Hammú sabía que en su pueblo se difundía su cultura a través de cuentos contados por mujeres. El problema era acercarse a ellas con aparatos de grabación, además en un mundo donde un hombre sólo puede acercarse a una mujer que ya haya perdido la menstruación, porque se cree esas mujeres ya han perdido el apetito sexual. Las ancianas no querían hablar delante de todos esos aparatos, porque el que escucha debe apropiarse no sólo de las historias sino de una cierta energía, reconstruir la historia, tocar las manos del cuenta cuentos y permanecer fijo con su mirada. Contar cuentos no es cualquier cosa, supone una preparación de todo un día, acudir descargadas de cualquier problema que pudiera distraerles para estar sumidas en una constante escucha y asimilación de algo grande, la Palabra. Estos cuentos tienen una propiedad terapéutica y curativa.

El día de la semana en que se produce este acontecimiento es un día muy especial. El cuento lo cuenta siempre la mujer más mayor del poblado, quien para poder estar totalmente vacía y poder ser mediadora y bálsamo de las demás mujeres, durante la mañana no hace ninguna labor, ni siquiera peinarse. Las demás mujeres son las que tienen que peinarle y lavarle. Después de hacer todas las tareas, esperan pacientes en las puertas hasta el atardecer, que es cuando la anfitriona de la casa abre las puertas y da acceso al ritual.

Cada vez se cambian a una casa diferente. La casa elegida tiene que estar limpia, perfumada, purificada, y sin falta de comida y bebida. A este espacio tienen que entrar despojadas de todo aquello que les amarre o agobie, desconectadas del exterior. Lo primero que se les ofrece es lavarse, para estar limpias por dentro y fuera. En la antesala del patio se despojan de sus ropas y materiales para despojarse también de su clase social y ser dignificadas como iguales. Se recibe a la anfitriona con un abrazo grande e íntimo y toman té dulce, de hierbabuena, para borrar cualquier atisbo de amargura. Todas se sientan en el suelo, ninguna tiene una tribuna especial. Se agarran de las manos y se inicia el primer relato, cerrando los ojos, a excepción de la anfitriona.

Las mujeres comienzan el cuento con una frase:

"Hay una historia entre vosotras, quien la busque la encontrará..."

Todas tienen el mismo turno de palabra. Se interiorizan con todos los sentidos, se produce un estado emocional de tranquilidad, paz y armonía para el espíritu. 

"Muchas mujeres entran en trance cuando escuchan estas historias. Se levantan y empiezan a agitarse, como danzando y tienen que ser sujetadas por las demás mujeres para no darse ningún golpe, y de esta manera se liberan como con una catarsis. Algunas veces lloran desmesuradamente, y otras se carcajean." cuenta Hammú.

"La palabra contada, al narrarla en vivo, activa los sentidos y aísla el dolor para dar lugar a la compañía de las presentes y empequeñece la soledad cotidiana y sus miedos." "Es una forma que tiene la mujer de mantener su espacio, ya que tienen muchos lugares prohibidos para poder acceder. Por eso, ha mantenido de manera clandestina este espacio para la palabra contada, no sólo para contar historias, sino para curarse el alma, la pena, la locura. Al igual que los cuentos de Sherezade, no son cuentos sobre el culto a la belleza, sino sobre la superviviencia. El objetivo de estas reuniones es contar algo que sirva para tener amor, para aliviar toda esa tristeza y miseria."

"La historia más valorada no es la más bella ni larga, sino la más profunda, la que emociona. Son historias contadas por milenios. Historias muy cínicas y sarcásticas, pero a la vez muy sutiles. Son mujeres catalogadas como analfabetas, pero están cargadas de sabiduría. Yo solo puedo contar las historias menos trascendentales, porque las más profundas... la sociedad no está tan evolucionada para escuchar esas historias. He tratado de contarlas en sociedades catalogadas como desarrolladas, como Noruega, y las han definido como demasiado violentas."

"Yo tengo mucho miedo a lo que llaman "lo políticamente correcto" en los cuentos, porque no lo entiendo. En África no hay edades en los cuentos, no hay cuentos para mayores o para niños. Aunque se hagan pequeños filtros para los niños, para nada se traiciona el mensaje."

"Yo sentía como que había perdido mucho tiempo. Que si me habrían enseñado antes ese espacio, me habría ayudado mucho, me habría desarrollado con más facilidad, tendría una visión sobre la humanidad muy distinta. Creo que la humanidad debería conocerlo."

 "Y me puse el calzado nuevo, y anduve de aquí para allá, y se me rompió" terminan los cuentos de las mujeres del pueblo Imazighen.


Página de Hammú: www.hammutopia.com


http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com.es/

24 de noviembre de 2013

Mala mujer, las trabajadoras sexuales.


"Hace unos años, del senado de nación nos pidieron un informe técnico sobre el trabajo sexual, y yo dije que dado que formaba parte de un equipo, me gustaría ir con alguna que otra persona de mi equipo. Cuando me preguntaron con quien iría, dije que iba a ir con Margarita, me dijeron ¿qué es socióloga, psicóloga? Y dije "no no, es trabajadora sexual." y hubo un gran silencio del otro lado, y dicen "ah, ¿ahora le dicen así?"" Dolores Juliano, antropóloga.

"Yo dignifico cualquier trabajo que haga. Ningún trabajo me dignifica a mi" Margarita Carreras, trabajadora sexual. 

"Muchos clientes lo único que esperan es compañía ¿En qué mundo vivimos que la gente paga por tener compañía con la excusa del sexo?. Cualquier chica en la calle o en un club te dirá que se pasa más tiempo hablando que en la práctica sexual." Montse Neira, licenciada en Ciencias políticas y trabajadora sexual.


Dolores Juliano.



"En nuestro país, hay 92 hombres que delinquen por cada ocho mujeres que
delinquen. Entonces, lo que a mi me interesaba era saber por qué hay tan pocas mujeres presas.
¿Cómo nos arreglamos no solamente para mantener un techo sobre nuestras cabezas, sino sin faltar gravemente a la ley? ¿cuáles son estas estrategias de supervivencia?

La estrategia a la largo plazo que utilizan las mujeres es capacitarse. Si una mujer con título universitario gana lo mismo que un hombre que solo tenga estudios primarios, una de las posibilidades es sobrecapacitarse. Si para ganar un sueldo mínimo hay que estudiar mucho, pues se estudia mucho. Hay mayor cantidad de mujeres que llegan al doctorado, en todo el mundo, en el mundo islámico también. Pero con la crisis, tengas la titulación que tengas, no encuentras trabajo. Las chicas normalmente aceptan trabajos por debajo de su capacitación, mal pagados, economía sumergida, a tiempo parcial...

Otras estrategias son las redes femeninas de apoyo. Las abuelas nos hemos quedado con los niños porque la hija o la nuera tenía que trabajar, es tan frecuente que lo vemos normal. La vecina que compra pan para todas las vecinas de la escalera... En muchos casos han organizado comedores poniendo en común lo que todos tienen para comer, o préstamos de pequeñas cantidades de dinero...

También existe la posibilidad de utilizar para sobrevivir nuestra condición de mujer. No estaba pensando en el trabajo sexual, sino en el matrimonio. "Lo que conviene a una chica es un buen matrimonio" ¿y qué significa eso? casarse con alguien que tuviera recursos económicos para mantenerla a ella y a los hijos. También está la donación de óvulos, que implica una intervención quirúrgica nada agradable.

Cuando todo esto falla, el muchacho iría a una esquina a pegar un tirón de un bolso y la muchacha iría a la esquina a ofrecer servicios sexuales. Suelen recurrir al trabajo sexual como una opción al delito.

¿Tú quieres decir - se preguntaría un marcianito- que las mujeres se toman tantas molestias para no delinquir, cuando lo único que les amenaza es la cárcel, que no implica más sanción que la pérdida de libertad??
La razón es por la gran estigmatización de la sociedad. En el caso de los hombres, por su modelo de masculinidad tienen incluso prestigio por haber estado en la cárcel. El problema de la mujer no es dentro de la cárcel, sino fuera. Es lo que más desestructura los vínculos sociales, familiares. El 95% de los presos hombres que salen de la cárcel se encuentran a la pareja que se ha hecho cargo de sus hijos. En el caso de la presa, los vínculos de pareja se deterioran más rápidamente, tienen muchas menos visitas, pierden la tutela de sus hijos porque las parejas no suelen hacerse cargo. La mirada social es mucho más dura para las mujeres presas que para los presos, te conviertes en ex-presidiaria públicamente.

¿Pero cual es la mejor opción, que te frían o quemarte? Con la prostitución
se manejan con cierta autonomía, pueden jugar con la idea de que la familia no se enterará, y es una opción para ganar dinero. El trabajo sexual abarca una cantidad de actividades muy amplias.

Sería necesario conocer y respetar las estrategias que utilizan las mujeres para evitar delinquir evitando transformar en delito lo que ellas hacen precisamente para no delinquir, con lo cual, les complicamos muchísimo más la vida."

Montse Neira.


"Fue a lo largo de la carrera que empecé a tener unas referencias y unos conocimientos cuando empecé a cuestionarme muchas cosas y a pensar que porqué tenía que estar escondiéndome de todo el mundo si yo no estaba haciendo nada malo, si no era una delincuente. Hace apenas seis años que estoy dando la cara, he estado 15 años escondiéndome cual criminal. Aquí tenemos esta idea judeocristiana que el sexo tiene que ser por amor, en familia, y si ya lo haces por dinero es lo peor."

"El mito más problemático es el tema de la trata, y hay que saber diferenciar que eso no es prostitución, es violación. Se dice que el 90% de las mujeres que se dedican a la prostitución son esclavas, cuando la Secretaría de Igualdad señala que es al revés. Otro es el tema de los clientes, que si son maltratadores, violadores... Hay algunos que deberían castrarse, pero hay de todo, y las mujeres tenemos nuestra capacidad de decisión: ¡que vengamos del mundo de exclusión social no significa que seamos tontas! Está también el perfil del hombre rescatador "es que tú no deberías estar en la prostitución" ¿y para ser esposa sí?, pues yo no quiero ser esposa!"
"Queremos ser sujeto de derecho, no objeto de derecho!"

Margarita Carreras.

"Es por la hipocresía que existe en la sociedad y por la educación que nos han
dado tan restrictiva. Hay muy poca gente en este mundo que tenga un trabajo que le guste y le paguen mucho dinero por ello. El resto de las personas trabajamos en cosas que eventualmente encontramos por la necesidad del dinero que necesitamos para vivir y para llevar a cabo nuestro proyecto de vida."

"Hay que verlo como una persona que está trabajando en un trabajo que ha elegido libremente, y como en este país no hay ayudas para las madres, ni hay ayudas para familias monoparentales, y con los sueldos que tenemos, yo no puedo llegar a final de mes." "Mi trabajo no es un delito ni una infracción, es una relación de dos personas mayores que llegan a un pacto de comportamiento por dinero o conveniencia»

"Es muy difícil que se entienda que no es un trabajo terrible, a veces es desagradable, a veces no, como todos los trabajos. Si realmente se molestaran en hablar con nosotras, seguramente todos sus miedos y frustraciones no llegarían al extremo que llegan porque verían que somos personas tan normales como ellos."

"Nunca he entendido lo que significa reinsertar. ¿Que es que yo me comporto como una salvaje?" "No necesito que me salven, yo lo que necesito son soluciones reales a problemas reales"
"¡Hablan de limpiar las calles como si nosotras fuéramos basura!"

Carmela.


"Pero lo que más me molesta, más que esta ignorante, envidiosa e hipócrita sociedad, son esas discusiones psicológicas, que también en parte se realizan en la “escena” de izquierdas o feminista. Allí se nos trata como las “pobres” prostitutas, golpeadas por sus chulos y violadas por sus malos y perversos clientes (...).
A menudo me pregunto de dónde sacará esa gente sus conocimientos, ya que ninguna de estas compañeras o compañeros me han preguntado por qué prefiero trabajar de pie en la calle a sentada en una oficina.
Para mí esto invalida a quien dice luchar por la libertad y la revolución, porque no me reconocen como ser individual el derecho y la capacidad de tomar mis propias decisiones, y me imaginan como una persona tonta, débil y digna de compasión."

Dolores Juliano puntualiza: "Preguntamos si habían sido objeto de violencia en los últimos meses y por parte de quien, y nos encontramos con que la inmensa mayoría de las denuncias se referían a las instituciones, fundamentalmente la policía, los guardianes del orden, las instancias administrativas,"
"Yo creo que hay que ir a una valoración en la cual lo que se valore de las personas son realmente sus conductas de sociabilidad, (...) nadie es más o menos digno porque utilice de una manera u otra su aparato genital, esto no es significativo desde el punto de vista de la dignidad de ningún ser humano."
 
 
Fuentes:

"Una mala mujer" Montse Neira.
http://prostitucion-visionobjetiva.blogspot.com.es/
http://vimeo.com/9319935#at=0
http://grupobifurcacion.wordpress.com/2012/05/30/su-moral-es-asquerosa/
http://gara.naiz.info/paperezkoa/20111030/300197/es/Te-multan-ofrecer-servicios-retribuidos-o-sea-si-es-gratis-no
http://masala.cat/entrevista-a-dolores-juliano-antropologa-especializada-en-temas-de-genero-la-discriminacion-sobre-el-trabajo-sexual-en-estos-momentos-esta-muy-ligada-con-la-cuestion-de-la-extranjeria-de-las-m/
http://www.ivoox.com/la-prostitucion-al-descubierto-los-dos-de-audios-mp3_rf_998656_1.html
http://kuartoscuro.podcast.es/descarga/podcast_42377.mp3
http://www.feministas.org/IMG/pdf/Mesa_redonda_Hetaira.pdf
http://podcasts.ivoox.com/laprostitucionaldescubiertolosdosd-canalextremadura-ivoox998656.mp3?Expires=1385223967&Signature=IYvcWivnv6SEY7NHskz3hLtzUeJK1AtFkdyOq8ALWJDu9qcASGh-dibS8kC2AQPzs6BURSO~af2f1udRAlMBF-EMuv-rr7w0WXuhC2AvD3sz5xpLPUt7QrITNx-0RldNG73jkYzmYLPUGnU8Z2zcXAsj3sPz7X~Xw3VthnSDUls_&Key-Pair-Id=APKAJE4MXT5SH6SQ5UGA

23 de septiembre de 2013

La violencia de género desde la antropología.

Mercedes Fernández-Martorell, antropóloga, publicó un libro sobre su trabajo de campo que trata de la violencia de género: "Ideas que matan". Y cuenta: 
"En el trabajo de campo realizado durante cuatro años sobre el por qué algunos hombres maltratan a la pareja, asistí a más de setecientos juicios. La escena que sigue es copia.

La fiscal lee la denuncia con el acusado en pie:

- El día 15 de mayo según dice el informe usted y su esposa estaban en su domicilio y a las ocho de la mañana usted le golpeó en la cara, cuello y brazos. Al parecer usted cogió un instrumento que tiró sobre una mesa de cristal y la rompió. A continuación con un trozo de ese cristal le provocó a ella varias heridas en cara y brazos.

Días después entrevisté a ese hombre y le pregunté:

- Cuéntame ¿qué sucedió entre ella y tú?

- ¿A nosotros? Pues mira, mi mujer y yo lo único que hemos tenido ha sido, simplemente, peleas matrimoniales normales y corrientes. Las de toda la vida. Pero... ¿es verdad o no que toda la vida los matrimonios se han peleado

Éstas y otras frases son parte de los testimonios recogidos durante tres años de hombres condenados por malos tratos a sus parejas. "En 2001, acudí al Senado para hablar sobre la violencia de género, y me di cuenta de que nada sabíamos de los maltratadores.", explica la directora y antropóloga Mercedes Fernández-Martorell.

Puso el proyecto en marcha, pero a los seis meses estuvo a punto de
abandonarlo. "Hablé con forenses, policías, abogados y a todos les parecía bueno, pero no conseguía contactar con los maltratadores", dice. Hasta que un día fue a los juzgados y abordó a los hombres a la salida. Les preguntaban qué les parecía "la nueva ley" [la Ley Integral contra la Violencia de Género]. "Nunca ninguno nos preguntó por qué hacíamos esto", cuenta Fernández-Martorell. Y así, juicio tras juicio, quedaban con ellos siempre en la misma cafetería. 
 
Tras ir a más de 700 juicios y escuchar a cientos de condenados, Fernández-Martorell apuesta por la rehabilitación. "Es fundamental, además del castigo, porque seguirán relacionándose con mujeres", explica y pone como ejemplo el caso de Claudio que ha estado casado dos veces y ha tenido otras relaciones, y con todas ha tenido "problemas". "Vimos que ninguno se veía como un maltratador y para ellos son peleas normales de matrimonio", señala Fernández-Martorell. 
 
“La cárcel es una medida necesaria pero también la Justicia debe idear maneras para educar a estos hombres, para ayudarles a ver y a ser autocríticos. Si no es imposible acabar con ello. Pero además la sociedad debe concienciarse de que NUNCA hay que apoyar a estos hombres ni reirles sus gracias. Hay que romper con viejos tópicos masculinos como los comentarios entre hombres en los que se repite "hay que conseguir que tu mujer te obedezca". Ésa es la raíz del problema.”

Los maltratadores comparten "la misma visión de la mujer y lo que esperan de su pareja", aunque tengan perfiles muy diferentes, aún con sus diferencias sociales o económicas de todos ellos. Cuando estaba haciendo las entrevistas para incluirlas en el documental tenía la impresión de que todos los maltratadores "hablaban de la misma mujer", pues, según ellos, "hacían las mismas cosas mal y estaban locas". Además, casi todos consideran sus agresiones como "algo normal"."Para ellos (los maltratadores), la mujer es sólo una posesión y quieren tenerla a su antojo y servicio" Lograr "que tu mujer te obedezca" es el objetivo común de todos lo maltratadores.
“Ellos matan porque su idea moral sobre la relación hombre-mujer pasa por unos roles que definen al hombre como el que decide qué se debe hacer y la mujer como el ser que obedece. Cuando ella no cumple con su papel, ellos se sienten fracasados y cuestionados como hombres. Y eso es lo que desencadena el maltrato. Para todos ellos el problema se origina únicamente con la denuncia; todo lo explican como una parte normal de la relación de pareja, de las disputas conyugales.”
“El que exista hoy una amplia clase media evita conflictos, aunque crea otro tipo de problemas y muchas frustraciones. La matanza y los malos tratos a las mujeres, que es la enfermedad más grave que tiene nuestra sociedad, tiene que ver con estos cambios sociales.” 
 
Cuando la sociedad se homogeniza, se está quitando dominio al grupo hegemónico y esos sujetos desposeídos, en este caso los hombres, se sienten y se viven como seres muy desgraciados. Esta es una realidad que en España adquiere un dramatismo especial. Somos un país que es producto de una dictadura y de una educación religiosa que marcó el dominio de los hombres sobre las mujeres. Somos herederos de esa situación: los hombres fueron educados para sentirse bien cuando eran responsables de una carga en exclusiva, que la mujer comparta esa carga y esa responsabilidad puede ser vivido como una liberación, pero también como una frustración para ellos. Cuando los hombres se entregan a la frustración frenan y deterioran los avances de la igualdad."



Marcela Lagarde, etnóloga mexicana, lo dice más claro: “hay una guerra no declarada, llamada violencia de género, de hombres sobre las mujeres y el Estado ha sido clave para que exista esa violencia, se reproduzca y reine la impunidad” 

"Cuando el Estado no se ha modernizado y no da seguridad a las mujeres, nosotras quedamos en peligro" 

“Una de las claves que caracterizan el feminicidio es que estamos ante una violencia ilegal pero legitimada socialmente” 

La sociedad habitualmente ignora y silencia la violencia que se inflige a las mujeres, de forma que ésta llega a formar parte habitual de las relaciones de todo tipo. La cultura machista refuerza insistentemente estas actitudes como algo natural; hay un refuerzo permanente en las imágenes, en los enfoques y en las explicaciones que legitiman la violencia. 
 
“Nunca como ahora los niños y todas las personas hemos estado expuestos a una pedagogía de la violencia tan masiva. No hay una película que no contenga violencia contra las mujeres. Aunque, por contra, también nunca ha habido tantas acciones para erradicar la violencia como hay ahora.” 
 
“Qué sería de las mujeres sin el amor de las mujeres. No podemos explicar la vida sin el apoyo de unas a otras. Pienso en todas aquellas mujeres que en alguna parte del mundo salvan la vida de otra mujer”, dijo Lagarde al referirse a la población femenina Saharaui, del Líbano, El Congo, Darfur y Gaza que sobreviven a guerras, desplazamiento y refugio. 

“Soy una feminista utópica, que desea que los derechos humanos de las mujeres se universalicen, pues el feminismo le ha dado un horizonte a este mundo” Por eso, se inclina por un pacto entre las mujeres “que no sólo cambia el género, si no que cambia la idea del mundo”

“Nosotras no luchamos contra la violencia sino que trabajamos por la paz” 

"La soledad de Mae. Una Investigación Antropológica" de Javier Ortega Cañavate es un libro que va más allá de los modelos psicológicos y sociológicos. A partir de una investigación antropológica a más de 600 personas, incluidas víctimas de maltrato, surge esta historia que no es ni individual ni social, sino cultural. En ella quedan al descubierto los modelos culturales que fundamentan la violencia doméstica: el Síndrome del clan y el Síndrome de Eloísa. Este trabajo se emprende con unos objetivos muy claros: no tolerar la violencia estructural contra las mujeres como precio a pagar por mantener nuestros modos de vida, ni aceptar la muerte de una mujer por el ‘fuego amigo’ del amante, ni admitir que la familia sea un ‘territorio comanche’ donde la mujer pueda convertirse en la víctima propiciatoria.

"Quisiera recordarles que no pretendo construir una teoría universal y necesariamente verdadera (lo cual es imposible cuando se trata de fenómenos humanos), sino un modelo explicativo válido que permita comprender el maltrato en función de las estructuras que determinan las relaciones de la mujer en el mundo.
Y en este modelo, la violencia doméstica nos aparece como un complejísimo sistema de relaciones que implica todo un modo-de-sentir y pensar el mundo. Y lo que es más importante, el modo en que las personas nos sentimos y nos pensamos en el mundo. Y estos modos son siempre en relación con: la maternidad, la pareja, la familia, los deseos, las costumbres, los usos, los prejuicios, la sociedad, la cultura, la naturaleza...
Demasiados contextos para que sea simple. Muchos condicionantes (...) El velo puede tardar años en caer, y en muchos casos, quizás no caiga nunca. Por eso creo que merece la pena por si acaso admitir que quizás esos síntomas sí están en nosotros, y este reconocimiento puede ser uno de los pasos más importantes para la lucha contra la violencia doméstica."
 

14 de junio de 2013

La teoría de las naciones masculinas (Geert Hofstede)

Geert Hofstede es un antropólogo holandés que definió cinco criterios para identificar los patrones culturales de las naciones.

Uno de dichos criterios (según Hofstede "la dimensión tabú") es el que define a cada nación según su grado de "masculinidad". Es decir, para Hofstede existen naciones (sociedades) más o menos masculinas y femeninas, según una escala de 1 a 100.

Las naciones masculinas reservan para el varón la competitividad, la ambición y la acumulación de riqueza y posesiones materiales, dejando a las mujeres el interés por la calidad de vida, la modestia y la ternura. En las sociedades masculinas se vive para trabajar. No aparece como el indicador más deseable para la calidad de vida de las personas.

En las culturas "femeninas", los valores imperantes son la empatía, las relaciones personales, el servicio y la solidaridad, practicados tanto por hombres como por mujeres. Resultan ser las sociedades más equilibradas y saludables, con mayor calidad de vida.


Japón es considerado por Hofstede como la cultura más "masculina", mientras Suecia y Noruega serían las más "femeninas".